El otro día, mientras Elena llevaba a Sandra a natación aproveché para cortarme el pelo. Mi objetivo cuando me corto el pelo es siempre minimizar el número de visitas a la peluquería, así que fue una rapada importante, en mi línea. Cuando acabaron de natación fuimos a casa de mi madre a darle la merienda, aunque la pobre venía dormidita. Al final la despertamos, me pongo a darle la fruta y Sandra venga a llorar. ¿Será que la hemos despertado antes de hora? Pero era raro porque yo notaba que antes de empezar a llorar me miraba la cabeza. Al final le digo a Elena que se lo dé ella, a ver si así, y como la seda. Eso sí, yo sentado detrás, fuera del campo visual, intentando esconderme, aunque de vez en cuando se volvía, me miraba y volvía a llorar.
Al rato ya se le pasó, pero supongo que eso de despertarse y que te esté alimentando un skinhead le impresionó. Eso, o tiene una sensibilidad estética muy desarrollada.
viernes, 9 de enero de 2009
martes, 6 de enero de 2009
Paso a paso
Ya apuntaba maneras, pero ahora está claro. Lo de gatear es accesorio. Lo que mola es andar. Sólo gatea si es imprescindible, la mayor parte del tiempo está de pie, apoyada en el sofá o en la mesa de centro y se recorre el salón pasito a pasito. Del sillón al sofá, del sofá a la mesa, de la mesa vuelta al sofá, si te pilla sentado del sofá al papi, del papi a cualquier sitio que no llegaría sola. Y cuando se cansa, se sienta y a gatear un rato a por un juguete o a por la mami si se le ha ocurrido escaparse a la cocina.
Lo de sentarse lo he dicho así sin más, pero es toda una maniobra. Los acoplamientos en la estación espacial, una tontería en comparación. Primero se apoya con las dos manos donde esté. Luego consigue un tercer punto de apoyo amorrándose a la esquina con la boca. Cuando ya está bien sujeta, empieza a doblar las piernas. Muy despacio. Va bajando el culete poco a poco. Cuando ya no le da para más, suelta la boca y estira los brazos para bajar más aún. Y entonces se suelta y aterriza con el pañal. ¡Maniobra exitosa! Houston, volvemos a casa.
Lo de sentarse lo he dicho así sin más, pero es toda una maniobra. Los acoplamientos en la estación espacial, una tontería en comparación. Primero se apoya con las dos manos donde esté. Luego consigue un tercer punto de apoyo amorrándose a la esquina con la boca. Cuando ya está bien sujeta, empieza a doblar las piernas. Muy despacio. Va bajando el culete poco a poco. Cuando ya no le da para más, suelta la boca y estira los brazos para bajar más aún. Y entonces se suelta y aterriza con el pañal. ¡Maniobra exitosa! Houston, volvemos a casa.
lunes, 5 de enero de 2009
Papilla? Yo?
En su línea de ser cada vez más independiente, ahora le da porque no quiere comer lo que le damos. Quiere comer lo que nosotros comemos. Y cogerlo ella.
Hoy hemos ido a un japonés a celebrar el cumpleaños de su primo Marco. Íbamos todo preparados, con su puré de verduras para dárselo mientras comíamos. Y qué más. Persiguiendole la boca con la cuchara y nada. Al final nos rendimos, y le damos un minirollito para que lo vaya chupando y se quede tranquila. ¿Chupar? ¿Quién dijo chupar? Ya tiene dos dientes, y les da buen uso. La tía se ha trapiñado el rollito entero a mordiscos. Luego le intentamos dar arroz otra vez con la cuchara. Qué ilusos. Acaba cogiendo los granitos de uno en uno, pero ella sola, con sus dos deditos. Luego una gamba en tempura, pero con esa no ha podido que se le hacía muy dura. Todo tiene su límite. Y claro, todo esto echandole tragos a su vaso de agua, porque acostumbrada a comer sin sal, pues la comida japonesa da mucha sed. Al final, el suelo ha acabado con más comida que su tripa, ella se ha cansado y ha empezado a dar mal y entonces la hemos enchufado a la teta y se ha quedado frita. Y frita se ha quedado toda la tarde. Luego al despertarse se ha comido la papilla de frutas que no la veía.
Diréis que nos tiene dominados. Qué va, es que somos padres liberales y la dejamos experimentar. De verdad, que es eso. Espero.
Hoy hemos ido a un japonés a celebrar el cumpleaños de su primo Marco. Íbamos todo preparados, con su puré de verduras para dárselo mientras comíamos. Y qué más. Persiguiendole la boca con la cuchara y nada. Al final nos rendimos, y le damos un minirollito para que lo vaya chupando y se quede tranquila. ¿Chupar? ¿Quién dijo chupar? Ya tiene dos dientes, y les da buen uso. La tía se ha trapiñado el rollito entero a mordiscos. Luego le intentamos dar arroz otra vez con la cuchara. Qué ilusos. Acaba cogiendo los granitos de uno en uno, pero ella sola, con sus dos deditos. Luego una gamba en tempura, pero con esa no ha podido que se le hacía muy dura. Todo tiene su límite. Y claro, todo esto echandole tragos a su vaso de agua, porque acostumbrada a comer sin sal, pues la comida japonesa da mucha sed. Al final, el suelo ha acabado con más comida que su tripa, ella se ha cansado y ha empezado a dar mal y entonces la hemos enchufado a la teta y se ha quedado frita. Y frita se ha quedado toda la tarde. Luego al despertarse se ha comido la papilla de frutas que no la veía.
Diréis que nos tiene dominados. Qué va, es que somos padres liberales y la dejamos experimentar. De verdad, que es eso. Espero.
sábado, 20 de diciembre de 2008
Le empiezan a salir los dientes
Si le pasas el dedo por la encía inferior, ya se nota algo que raspa.
Y cómo lo descubrí, os preguntaréis... Lo descubrió mi nariz en uno de sus besitos. Ay.
Y cómo lo descubrí, os preguntaréis... Lo descubrió mi nariz en uno de sus besitos. Ay.
viernes, 19 de diciembre de 2008
Ya gatea
El otro día llegó Elena toda emocionada de casa de sus padres: "Que ha gateado!!". Ya intentaba hacer sus pinitos pero se le resbalaban las patitas. Pero claro, en casa de los padres de Elena hay una hermosa alfombra y eso agarra mucho mejor.
Así que, para que la niña practique, tenemos que poner una alfombra nosotros también. Al día siguiente, excursión al IKEA y ya tenemos puesta una alfombra de 2x3 metros 100% lana natural bien gorda. Y efectivamente, la niña le ha pillado el gusto y en cuatro días se ha puesto a gatear en serio. Ya se le da bien hasta fuera de la alfombra. Ahora si la dejas en el salón y te vas al baño, de repente te la encuentras en la puerta. Los perritos están aterrorizados, porque ya no pueden escapar de ella (todo lo más, le sacan ventaja, pero ella es incansable). Ya teníamos una puerta de esas que se ponen en las escaleras, pero ahora vamos a tener que cubrirlas todas.
Si hay una prueba irrefutable de que mi casa ya no es mi casa, sino la casa de Sandra, es que nos hemos gastado 400€ en una alfombra que de otra manera no hubiesemos puesto en la vida, sólo para que pueda gatear. Eso sí, ¡qué bien que se va descalzo por el salón!
PD: Elena no me perdona que cuando le dije a mi madre que habíamos puesto una alfombra porque ya gatea, no lo dije con el entusiasmo que corresponde a la ocasión (cada vez que lo explica, me imita poniendo voz de modorro).
Así que, para que la niña practique, tenemos que poner una alfombra nosotros también. Al día siguiente, excursión al IKEA y ya tenemos puesta una alfombra de 2x3 metros 100% lana natural bien gorda. Y efectivamente, la niña le ha pillado el gusto y en cuatro días se ha puesto a gatear en serio. Ya se le da bien hasta fuera de la alfombra. Ahora si la dejas en el salón y te vas al baño, de repente te la encuentras en la puerta. Los perritos están aterrorizados, porque ya no pueden escapar de ella (todo lo más, le sacan ventaja, pero ella es incansable). Ya teníamos una puerta de esas que se ponen en las escaleras, pero ahora vamos a tener que cubrirlas todas.
Si hay una prueba irrefutable de que mi casa ya no es mi casa, sino la casa de Sandra, es que nos hemos gastado 400€ en una alfombra que de otra manera no hubiesemos puesto en la vida, sólo para que pueda gatear. Eso sí, ¡qué bien que se va descalzo por el salón!
PD: Elena no me perdona que cuando le dije a mi madre que habíamos puesto una alfombra porque ya gatea, no lo dije con el entusiasmo que corresponde a la ocasión (cada vez que lo explica, me imita poniendo voz de modorro).
martes, 16 de diciembre de 2008
Purgandus Populus
Si ya lo sabia yo, que me iba a caer la del pulpo, pero esto ha sobrepasado todas mis expectativas.
Os pongo en antecedentes: allá por enero escribí un artículo pelín irreverente (bueno, vale, muy irreverente) sobre la página crianzanatural y las fotos que usan para vender. En junio, alguien debió leerlo, avisó a sus amigas y expresaron su opinión en los comentarios del artículo (por favor, leedlos si no habéis tenido ocasión). El caso es que como yo en mayo había dejado abandonado el blog, ni me enteré hasta hace un par de días. Y no podía dejar de contestar. Por alusiones.
En primer lugar deciros que tenéis muy poco sentido del humor. El artículo no es para tanto, pero bueno, la verdad es que es irrespetuoso y lo entiendo.
La mayoría de los comentarios son muy correctos e indican mi ignorancia, poca educación y ninguna gracia (en palabras literales, tontolculo, maleducado y payaso, entre otros). Pero eso está bien, lo acepto deportivamente porque es lo menos que se puede esperar después de llamar "tía fea" a una de ellas. Sin embargo puntualizaré algunos de ellos.
Todos los que me llaman feo: pues sí, efectivamente, soy feo (mi mujer dice que no, pero qué sabrá ella). No sólo eso, además estoy gordo, y eso lo reconoce hasta mi mujer. Pero normalmente mi actitud cuando alguien me llama gordo es muy simple... saco tripa y me echo unas risas. Va muy bien, de verdad, probadlo. Es de lo mejor para mantener la salud mental y reducir el estrés.
A la académica de la RAE: ya sé que crianza está bien dicho, pero a mí me sigue sonando a vino, qué le vamos a hacer. Era un chiste.
Al brillante anónimo que en lugar de llamarme feo a mí, llama fea a mi hija, y además en comentarios de distintos posts. En fin, has bajado a mi nivel, te lo has pasado, has seguido bajando y creo que te van a contratar para hacer investigaciones en el núcleo terráqueo. A ver qué culpa tiene la pobre Sandra si su padre es un impresentable. No se insulta a una niñita inocente, queda feo.
Y por fin, la propia aludida, Rosa, que también puso un comentario. En primer lugar, y esto va en serio, pedirte mis más sinceras disculpas. Por hacerme el gracioso utilicé un tono grosero y te llamé fea de malas maneras. Me arrepiento de las formas. Respecto al fondo de la cuestión mi opinión no cambia, sigo pensando que son fotos poco apropiadas para vender. Pero es una opinión personal, y varios comentarios indican que les parece más real y cercana tu foto que las de las modelos. Tampoco es que sea un experto en publicidad (de hecho, soy lo más alejado que se puede encontrar a un experto) así que probablemente estoy equivocado y son las fotos adecuadas para ese sector de mercado. Y que además, hay tantas opiniones como gente, y a veces más.
Dicho esto, Rosa, vamos a analizar tu comentario, que tiene tela. Es indudable que un parto natural es lo mejor, por supuesto. Seguro que tienes razón en que la oxitocina sintética es mucho más dolorosa que la natural (benditas endorfinas). La posición ideal para el parto es en cuclillas y no tumbada boca arriba con las piernas en alto, lo sé. Pero hasta ahí llegas con lo razonable. Si te crees de verdad todo lo demás que escribes eres una fanática reaccionaria de mucho cuidado. Para empezar, te parecerá increíble pero los médicos y hospitales no son lacayos de una secta satánica dedicada a asesinar niños y conseguir la extinción de la raza humana. El proceso está deshumanizado, en eso estoy de acuerdo, y se debería mejorar. Pero están ahí para ayudar y llevar el parto a buen término. Lo siento, pero con el cóctel de hormonas, como tú dices, es el mejor momento para dejarse aconsejar, porque no se razona, se reacciona. Quizá me equivoqué y debimos habernos ido, pero prefiero equivocarme quedándome en un hospital a equivocarme y enfrentarme a un parto repentino en un lugar menos adecuado.
En cuanto a las incubadoras, en fin. Por supuesto que no pueden sustituir a una madre, ni por asomo. A las bacterias asesinas, no sé quién las llama así, pero te sorprendería la cantidad de bacterias que hay también fuera de la incubadora. Además, están diseñadas para mantener una temperatura constante. Y no sé, no puedo entender, quién ha tenido el valor de intentar relacionar estadísticamente la estancia en una incubadora con la propensión a recibir malos tratos. Puestos a usar falacias estadísticas te podría decir que el parto natural aumenta la tasa de mortalidad infantil. Y si no, mira en los países subdesarrollados, donde la mayoría de los partos son naturales y la tasa de mortalidad infantil es altísima. Intentar relacionar los dos datos es un error, o peor, una manipulación. No se puede deducir una relación de causa-efecto a partir de una correlación estadística. En el caso del parto natural y la mortalidad son consecuencias de una causa común, la falta de un sistema de sanidad. En el caso de las incubadoras y los malos tratos no alcanzo a imaginar qué relación podría haber. Dejando aparte que no sé cómo la probabilidad de recibir malos tratos puede depender de la víctima. Tenía entendido que el maltrato proviene del maltratador exclusivamente.
Ah, decirte que mi mujer ya se encargó en su momento de dejarme claro que considera que no la apoyé lo suficiente. Yo también le he dejado claro que creo que hicimos lo correcto, dadas las circunstancias. A veces no se llega a estar de acuerdo, pero eso es también parte de la vida en pareja. Lo que pasó fue fruto de la inexperiencia. Ahora que ya sabemos cómo es, para el próximo esperaremos más antes de acudir al hospital. Y sí, habrá un próximo, mi mujer se va a arriesgar a esparcir mis genes de primate. Es así de irresponsable.
Tus opiniones y tu tono me hacen reafirmarme en la sensación que tenía de que las webs y asociaciones de maternidad natural tienen un extraño tufillo pseudo-sectario, no sé por qué. Utilizáis el miedo y la desinformación como arma en vuestro discurso, mezclando verdades y falacias. Qué lástima, cuando vuestro objetivo es ayudar a las madres a disfrutar de su momento más preciado. No es la manera adecuada de hacerlo. Los padres no somos un obstáculo a vencer, somos vuestros compañeros y queremos disfrutarlo con vosotras. Los hospitales no son centros del mal, son lugares que cuentan con profesionales expertos para ayudaros. El sistema es mejorable, pero no es el enemigo.
Afortunadamente, hay gente que tiene la cabeza bien amueblada, que se da cuenta de que atacar a mi hija o intentar hundirme diciendo que no soy un buen padre no es el camino.
Cuando alguien te llama feo, tienes dos opciones: o te ríes o le llamas gilipollas. Yo me decantaría por reírme. Algunos habéis optado por llamarme gilipollas, y lo respeto. Pero escalar la discusión más allá de eso, no es una buena política.
Por último, agradecer al anónimo comentario "Purgandus Populus". Era el título perfecto.
Os pongo en antecedentes: allá por enero escribí un artículo pelín irreverente (bueno, vale, muy irreverente) sobre la página crianzanatural y las fotos que usan para vender. En junio, alguien debió leerlo, avisó a sus amigas y expresaron su opinión en los comentarios del artículo (por favor, leedlos si no habéis tenido ocasión). El caso es que como yo en mayo había dejado abandonado el blog, ni me enteré hasta hace un par de días. Y no podía dejar de contestar. Por alusiones.
En primer lugar deciros que tenéis muy poco sentido del humor. El artículo no es para tanto, pero bueno, la verdad es que es irrespetuoso y lo entiendo.
La mayoría de los comentarios son muy correctos e indican mi ignorancia, poca educación y ninguna gracia (en palabras literales, tontolculo, maleducado y payaso, entre otros). Pero eso está bien, lo acepto deportivamente porque es lo menos que se puede esperar después de llamar "tía fea" a una de ellas. Sin embargo puntualizaré algunos de ellos.
Todos los que me llaman feo: pues sí, efectivamente, soy feo (mi mujer dice que no, pero qué sabrá ella). No sólo eso, además estoy gordo, y eso lo reconoce hasta mi mujer. Pero normalmente mi actitud cuando alguien me llama gordo es muy simple... saco tripa y me echo unas risas. Va muy bien, de verdad, probadlo. Es de lo mejor para mantener la salud mental y reducir el estrés.
A la académica de la RAE: ya sé que crianza está bien dicho, pero a mí me sigue sonando a vino, qué le vamos a hacer. Era un chiste.
Al brillante anónimo que en lugar de llamarme feo a mí, llama fea a mi hija, y además en comentarios de distintos posts. En fin, has bajado a mi nivel, te lo has pasado, has seguido bajando y creo que te van a contratar para hacer investigaciones en el núcleo terráqueo. A ver qué culpa tiene la pobre Sandra si su padre es un impresentable. No se insulta a una niñita inocente, queda feo.
Y por fin, la propia aludida, Rosa, que también puso un comentario. En primer lugar, y esto va en serio, pedirte mis más sinceras disculpas. Por hacerme el gracioso utilicé un tono grosero y te llamé fea de malas maneras. Me arrepiento de las formas. Respecto al fondo de la cuestión mi opinión no cambia, sigo pensando que son fotos poco apropiadas para vender. Pero es una opinión personal, y varios comentarios indican que les parece más real y cercana tu foto que las de las modelos. Tampoco es que sea un experto en publicidad (de hecho, soy lo más alejado que se puede encontrar a un experto) así que probablemente estoy equivocado y son las fotos adecuadas para ese sector de mercado. Y que además, hay tantas opiniones como gente, y a veces más.
Dicho esto, Rosa, vamos a analizar tu comentario, que tiene tela. Es indudable que un parto natural es lo mejor, por supuesto. Seguro que tienes razón en que la oxitocina sintética es mucho más dolorosa que la natural (benditas endorfinas). La posición ideal para el parto es en cuclillas y no tumbada boca arriba con las piernas en alto, lo sé. Pero hasta ahí llegas con lo razonable. Si te crees de verdad todo lo demás que escribes eres una fanática reaccionaria de mucho cuidado. Para empezar, te parecerá increíble pero los médicos y hospitales no son lacayos de una secta satánica dedicada a asesinar niños y conseguir la extinción de la raza humana. El proceso está deshumanizado, en eso estoy de acuerdo, y se debería mejorar. Pero están ahí para ayudar y llevar el parto a buen término. Lo siento, pero con el cóctel de hormonas, como tú dices, es el mejor momento para dejarse aconsejar, porque no se razona, se reacciona. Quizá me equivoqué y debimos habernos ido, pero prefiero equivocarme quedándome en un hospital a equivocarme y enfrentarme a un parto repentino en un lugar menos adecuado.
En cuanto a las incubadoras, en fin. Por supuesto que no pueden sustituir a una madre, ni por asomo. A las bacterias asesinas, no sé quién las llama así, pero te sorprendería la cantidad de bacterias que hay también fuera de la incubadora. Además, están diseñadas para mantener una temperatura constante. Y no sé, no puedo entender, quién ha tenido el valor de intentar relacionar estadísticamente la estancia en una incubadora con la propensión a recibir malos tratos. Puestos a usar falacias estadísticas te podría decir que el parto natural aumenta la tasa de mortalidad infantil. Y si no, mira en los países subdesarrollados, donde la mayoría de los partos son naturales y la tasa de mortalidad infantil es altísima. Intentar relacionar los dos datos es un error, o peor, una manipulación. No se puede deducir una relación de causa-efecto a partir de una correlación estadística. En el caso del parto natural y la mortalidad son consecuencias de una causa común, la falta de un sistema de sanidad. En el caso de las incubadoras y los malos tratos no alcanzo a imaginar qué relación podría haber. Dejando aparte que no sé cómo la probabilidad de recibir malos tratos puede depender de la víctima. Tenía entendido que el maltrato proviene del maltratador exclusivamente.
Ah, decirte que mi mujer ya se encargó en su momento de dejarme claro que considera que no la apoyé lo suficiente. Yo también le he dejado claro que creo que hicimos lo correcto, dadas las circunstancias. A veces no se llega a estar de acuerdo, pero eso es también parte de la vida en pareja. Lo que pasó fue fruto de la inexperiencia. Ahora que ya sabemos cómo es, para el próximo esperaremos más antes de acudir al hospital. Y sí, habrá un próximo, mi mujer se va a arriesgar a esparcir mis genes de primate. Es así de irresponsable.
Tus opiniones y tu tono me hacen reafirmarme en la sensación que tenía de que las webs y asociaciones de maternidad natural tienen un extraño tufillo pseudo-sectario, no sé por qué. Utilizáis el miedo y la desinformación como arma en vuestro discurso, mezclando verdades y falacias. Qué lástima, cuando vuestro objetivo es ayudar a las madres a disfrutar de su momento más preciado. No es la manera adecuada de hacerlo. Los padres no somos un obstáculo a vencer, somos vuestros compañeros y queremos disfrutarlo con vosotras. Los hospitales no son centros del mal, son lugares que cuentan con profesionales expertos para ayudaros. El sistema es mejorable, pero no es el enemigo.
Afortunadamente, hay gente que tiene la cabeza bien amueblada, que se da cuenta de que atacar a mi hija o intentar hundirme diciendo que no soy un buen padre no es el camino.
Cuando alguien te llama feo, tienes dos opciones: o te ríes o le llamas gilipollas. Yo me decantaría por reírme. Algunos habéis optado por llamarme gilipollas, y lo respeto. Pero escalar la discusión más allá de eso, no es una buena política.
Por último, agradecer al anónimo comentario "Purgandus Populus". Era el título perfecto.
domingo, 14 de diciembre de 2008
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