Sandra conoce a Sergio:
Después del primer encuentro se asomaba cada vez que pasaba al lado del capazo ("Bebé!"). La sorpresa se la llevó cuando lo vio tetando. Estaba ella jugando y de repente se vuelve y ve a Sergio enganchado a mamá... Lo mira, y se asoma corriendo al capazo... "no tá!".
Esta mañana al despertarse y bajar al salón se ha vuelto a asomar: "Bebé, no tá" - estaba en la cuna aún.
martes, 27 de octubre de 2009
domingo, 25 de octubre de 2009
De repente, Sergio
Sábado 24 de octubre de 2009, a las 7:00 horas.
Dormía yo tranquilamente (qué se va a hacer un sábado a esas horas) cuando noto que me agitan. Es Elena, que no sé que me dice de que lleva un rato levantada, que tiene la tripa rara y le duelen los riñones. Pedazo de dejavú (¿un fallo en Matrix, tal vez?). Esto me suena de algo. La última vez que me pasó ésto me empecé descojonando y luego resulta que nació Sandra. Pero esta vez no puede ser, que faltan casi 3 semanas para la fecha prevista.
- ¿Y no serán gases?
- Si, unos gases con patas, manitas y pañal van a ser (esta frase no es literal, pero capta el espíritu de la conversación).
Elena no se lo termina de creer tampoco y durante un rato la tengo medio convencida de que sí, que pueden ser gases, las lentejas del viernes, y va al baño y todo. Pero no, los apretones son sospechosamente rítmicos. Y duelen demasiado. Elena ha leído no sé dónde que si te pones a cuatro patas se alivian los dolores y la tengo haciendo el caballito en el salón. A mí ya me ha convencido y estoy haciendo viajes, escalera para arriba, escalera para abajo, cargando el coche con la canastilla, la niña, equipaje de la niña (que se quedará a dormir con su tía), el carrito y todo lo que se me ocurre.
Coche cargado, consigo que Elena se arrastre hasta el garaje y suba al coche. Insiste en mantener la postura, así que pliego el asiento delantero y se coloca detrás, de rodillas y apoyada hacia adelante.
En marcha, son como las ocho, vamos a casa de Mamen (la hermana de Elena), dejamos a la peque y nos vamos a maternidad. "Buenas, que estamos de parto, nos tememos." "Hala, sí, pasen, pasen, a la sala de espera". En la sala de espera, le vienen más contracciones, Elena pasa de todo y otra vez a cuatro patas. La llaman enseguida "Elena Jarque, sala 1". La pillan en plena contracción, y entre que se pasa, que se levanta, que llega a la puerta "¡¡Elena Jarque, sala 1!!" "Paciencia, que ya llegamos".
La reconocen, y oiga que sí, que va a ser parto ("no me diga"), 5 cm de dilatación. A la sala de dilatación y usted (a mí) a la sala de espera. Allá que me voy, ronda de llamadas a la familia. Me compro unos donuts y un café, que aún no había desayunado, y a esperar un ratico. Media hora y me llaman, hala, a la sala de dilatación, me pongo las calzas, la bata verde, pregunto por Elena y en esto la veo que la sacan en la camilla, resoplando y puesta de medio lado y se la llevan al paritorio... Resulta que ha entrado pidiendo la epidural a gritos y a lo que la han podido convencer de que se dejara reconocer estaba ya de 7 centímetros, ni epidural ni nada, que ya no hay tiempo.
En el paritorio la comadrona, que es muy maja, le deja utilizar una de las nuevas sillas que permiten dar a luz sentada en vez de panza arriba y con las piernas mirando a Cuenca. Así que cumplimos el viejo sueño del parto natural. A la pobre comadrona casi no le da tiempo de ponerse los guantes ("Esperaaaa, no empujes!") y ya ha salido una cabecica. Un par de empujones más y sale el resto ("Uaaaaaaahhhh, que alivio!!!"). Se lo ponen encima a Elena, le cortan el cordón y cuando se lo llevan a limpiar unos empujones más para que salga la placenta. Son las 10:34 de la mañana, y creo que no ha pasado ni hora y media desde que entramos en el hospital.
Empieza la clase práctica de anatomía (no apto para débiles de estómago). La comadrona se ha animado con esto del parto natural y empieza "Esto es el cordón.." mientras va echando echando la sangre del cordón a unos tubitos para analizar, como si estuviera ordeñando. "Y esto la placenta.." y nos enseña una masa sanguinolenta que parece un hígado metido en una bolsa "Aquí iba el niño y esta parte está pegada a la madre" y se pone a rebuscar en el amasijo para ver que está todo correcto. La verdad es que fue muy instructivo y con la emoción no me pareció tan asquerosete.
Le dan cuatro puntos a Elena que hasta ahora estaba muy dócil y hacía caso a todo lo que le decían, pero ya ha vuelto a su ser y empieza a quejarse "¿pero ha terminado ya de coser? ¿me van a dar al niño? ¿me puedo levantar? ¿pero cuántos puntos?..." y finalmente le dan al peque y se lo dejan pegadito todo el tiempo. A mí me vuelven a echar a la sala de espera y hago la ronda de llamadas definitiva, recibidas todas con dosis equivalentes de enhorabuena e incredulidad.
En resumen, que ironía, cuando nació Sandra llegó Elena toda guerrera pidiendo parto natural y nada: epidural, oxitocina y todo eso. Y esta vez, que llega pidiendo la epidural en vena, le sale un parto natural, con silla anatómica y todo. Ella está superfeliz y la verdad es que el postparto ha sido mucho mejor, se levanta de la cama y está como nueva.
Bueno, y después de la parrafada, lo que todos esperábais, la foto. Es la primera foto de su vida, hecha desde el móvil (iré añadiendo otras de mejor calidad cuando me traiga la cámara de vuelta del hospital):
Dormía yo tranquilamente (qué se va a hacer un sábado a esas horas) cuando noto que me agitan. Es Elena, que no sé que me dice de que lleva un rato levantada, que tiene la tripa rara y le duelen los riñones. Pedazo de dejavú (¿un fallo en Matrix, tal vez?). Esto me suena de algo. La última vez que me pasó ésto me empecé descojonando y luego resulta que nació Sandra. Pero esta vez no puede ser, que faltan casi 3 semanas para la fecha prevista.
- ¿Y no serán gases?
- Si, unos gases con patas, manitas y pañal van a ser (esta frase no es literal, pero capta el espíritu de la conversación).
Elena no se lo termina de creer tampoco y durante un rato la tengo medio convencida de que sí, que pueden ser gases, las lentejas del viernes, y va al baño y todo. Pero no, los apretones son sospechosamente rítmicos. Y duelen demasiado. Elena ha leído no sé dónde que si te pones a cuatro patas se alivian los dolores y la tengo haciendo el caballito en el salón. A mí ya me ha convencido y estoy haciendo viajes, escalera para arriba, escalera para abajo, cargando el coche con la canastilla, la niña, equipaje de la niña (que se quedará a dormir con su tía), el carrito y todo lo que se me ocurre.
Coche cargado, consigo que Elena se arrastre hasta el garaje y suba al coche. Insiste en mantener la postura, así que pliego el asiento delantero y se coloca detrás, de rodillas y apoyada hacia adelante.
En marcha, son como las ocho, vamos a casa de Mamen (la hermana de Elena), dejamos a la peque y nos vamos a maternidad. "Buenas, que estamos de parto, nos tememos." "Hala, sí, pasen, pasen, a la sala de espera". En la sala de espera, le vienen más contracciones, Elena pasa de todo y otra vez a cuatro patas. La llaman enseguida "Elena Jarque, sala 1". La pillan en plena contracción, y entre que se pasa, que se levanta, que llega a la puerta "¡¡Elena Jarque, sala 1!!" "Paciencia, que ya llegamos".
La reconocen, y oiga que sí, que va a ser parto ("no me diga"), 5 cm de dilatación. A la sala de dilatación y usted (a mí) a la sala de espera. Allá que me voy, ronda de llamadas a la familia. Me compro unos donuts y un café, que aún no había desayunado, y a esperar un ratico. Media hora y me llaman, hala, a la sala de dilatación, me pongo las calzas, la bata verde, pregunto por Elena y en esto la veo que la sacan en la camilla, resoplando y puesta de medio lado y se la llevan al paritorio... Resulta que ha entrado pidiendo la epidural a gritos y a lo que la han podido convencer de que se dejara reconocer estaba ya de 7 centímetros, ni epidural ni nada, que ya no hay tiempo.
En el paritorio la comadrona, que es muy maja, le deja utilizar una de las nuevas sillas que permiten dar a luz sentada en vez de panza arriba y con las piernas mirando a Cuenca. Así que cumplimos el viejo sueño del parto natural. A la pobre comadrona casi no le da tiempo de ponerse los guantes ("Esperaaaa, no empujes!") y ya ha salido una cabecica. Un par de empujones más y sale el resto ("Uaaaaaaahhhh, que alivio!!!"). Se lo ponen encima a Elena, le cortan el cordón y cuando se lo llevan a limpiar unos empujones más para que salga la placenta. Son las 10:34 de la mañana, y creo que no ha pasado ni hora y media desde que entramos en el hospital.
Empieza la clase práctica de anatomía (no apto para débiles de estómago). La comadrona se ha animado con esto del parto natural y empieza "Esto es el cordón.." mientras va echando echando la sangre del cordón a unos tubitos para analizar, como si estuviera ordeñando. "Y esto la placenta.." y nos enseña una masa sanguinolenta que parece un hígado metido en una bolsa "Aquí iba el niño y esta parte está pegada a la madre" y se pone a rebuscar en el amasijo para ver que está todo correcto. La verdad es que fue muy instructivo y con la emoción no me pareció tan asquerosete.
Le dan cuatro puntos a Elena que hasta ahora estaba muy dócil y hacía caso a todo lo que le decían, pero ya ha vuelto a su ser y empieza a quejarse "¿pero ha terminado ya de coser? ¿me van a dar al niño? ¿me puedo levantar? ¿pero cuántos puntos?..." y finalmente le dan al peque y se lo dejan pegadito todo el tiempo. A mí me vuelven a echar a la sala de espera y hago la ronda de llamadas definitiva, recibidas todas con dosis equivalentes de enhorabuena e incredulidad.
En resumen, que ironía, cuando nació Sandra llegó Elena toda guerrera pidiendo parto natural y nada: epidural, oxitocina y todo eso. Y esta vez, que llega pidiendo la epidural en vena, le sale un parto natural, con silla anatómica y todo. Ella está superfeliz y la verdad es que el postparto ha sido mucho mejor, se levanta de la cama y está como nueva.
Bueno, y después de la parrafada, lo que todos esperábais, la foto. Es la primera foto de su vida, hecha desde el móvil (iré añadiendo otras de mejor calidad cuando me traiga la cámara de vuelta del hospital):
martes, 20 de octubre de 2009
Cura sana
Sandra ha descubierto el poder curativo de los besitos. Cada vez que se hace pupa (por poca que sea) hay que darle un besito en la zona afectada. Y como más vale prevenir que curar, si se hace pupa en una mano, por ejemplo, hay que aplicarle besito también a la otra. La única parte que parece inmune es la cabeza. Le encanta darse "coscos" y una de sus actividades favoritas es chocar la cabeza con su papi. Como dos ciervos cabreados.
Lo malo es que quizá le haya cogido demasiada afición a los besitos terapeuticos. Esta mañana desayunando se ha dado un golpe en el codo y mamá le ha dado la ración de besito en el codo afectado, luego en el otro codo... y luego la ha pillado dándole con el codo a la trona otra vez para pedir más.
Lo malo es que quizá le haya cogido demasiada afición a los besitos terapeuticos. Esta mañana desayunando se ha dado un golpe en el codo y mamá le ha dado la ración de besito en el codo afectado, luego en el otro codo... y luego la ha pillado dándole con el codo a la trona otra vez para pedir más.
miércoles, 7 de octubre de 2009
Su primera palabrota
Sandra tiene ya un vocabulario bastante amplio. Sabe decir hola y adiós, las partes del cuerpo, sus muñecos, coche, moto y muchas cosas más.
En general, si tu le dices cualquier cosa repite la última palabra. Es como un loro, pero en rubita. Y ahí está el peligro. Que repite lo que sea.
Esta mañana le estaba dando de desayunar un kiwi. Lo partimos en dos mitades y se lo damos con la cucharilla. El caso que estaba yo peleándome con el kiwi (la parte del centro puede salir dura y no se parte con la cucharilla así como así). Al final el kiwi ha cedido, se ha despachurrado y me he pringado las manos.
- Puto kiwi, coño!
- Oño!
- Puto kiwi, coño!
- Oño!
Mi segundo error ha sido soltar una risita. Nunca os ríais cuando un niño dice una palabrota, que se emociona.
- Oñoooooooooo!
Al final, he tenido que poner mi cara de papá serio y responsable.
- Eso no se dice.
Y por increible que parezca, se ha callado.
lunes, 20 de julio de 2009
Fin de curso en la guardería
Esto es viejo, pero como siempre tenía el blog retrasado.
En junio la apuntamos a una guardería para que se fuese habituando. Al principio lloraba al dejarla pero luego ya entraba con toda naturalidad. Eso sí, por lo que nos han dicho, se pasaba el día agarrada a las monitoras, la timidilla.
Uno de los últimos días hacían una fiesta de fin de curso y había que disfrazarla. Con la planificación y previsión que nos caracteriza, compramos el disfraz el día anterior a última hora.
Varias conclusiones:

Se supone que es un disfraz de Minnie.
No contentos con ello, Elena decidió que la capucha le iba a molestar. "Pues se la quitamos y le hacemos un churi".

Cualquier parecido con Minnie desaparece, y la convertimos en un payasete. (Al final la llevamos con la capucha e instrucciones de que se la quitaran si le molestaba).
En fin, cuando Sandra sea mayor y vea estas fotos nos odiará. Con razón.
En junio la apuntamos a una guardería para que se fuese habituando. Al principio lloraba al dejarla pero luego ya entraba con toda naturalidad. Eso sí, por lo que nos han dicho, se pasaba el día agarrada a las monitoras, la timidilla.
Uno de los últimos días hacían una fiesta de fin de curso y había que disfrazarla. Con la planificación y previsión que nos caracteriza, compramos el disfraz el día anterior a última hora.
Varias conclusiones:
- Los disfraces que venden por ahí (léase, en los chinos) son de pesima calidad. Se deshilachan todos.
- Tengo muy poca gracia haciendo lazos. Tirando a ninguna. Seguro que si hago el lazo mal a idea, me sale mejor. Y tengo que recordar que los lazos se ponen a la espalda.
Se supone que es un disfraz de Minnie.
No contentos con ello, Elena decidió que la capucha le iba a molestar. "Pues se la quitamos y le hacemos un churi".
Cualquier parecido con Minnie desaparece, y la convertimos en un payasete. (Al final la llevamos con la capucha e instrucciones de que se la quitaran si le molestaba).
En fin, cuando Sandra sea mayor y vea estas fotos nos odiará. Con razón.
domingo, 19 de julio de 2009
Primeras vacaciones en la playa
Acabamos de volver de pasar una semanica en la playa y la enana se lo ha pasado como eso, como una enana. Para muestra, un botón. Bueno, tres botones. O sea, una foto y dos videos.
En la playa, jugando con la arena y con cara de felicidad después de capuzarse el cubo lleno de agua.

En el mar, nadando con el flotador. Le encanta dar vueltas en el sitio y subir los pies por encima del agua para vérselos.
En la minidisco, moviendo el esqueleto. Bailar le encanta, pero lo de relacionarse con otros niños aún le cuesta.
Aparte de pasarlo bien, la peduga se nos ha asilvestrado.
Para empezar, se quiere ir de farra todo el día. Ha aprendido a decir "Al parque" (que para ella es cualquier sitio menos su casa) y nada más levantarse ya te señala la puerta y "a-pa-que". Ayer incluso la descubrimos intentando meter la llave en la cerradura de casa. Intentando escapar, sin duda.
Además, se ha vuelto una desobediente, que no hace caso a nada. Se pira a donde quiere y hay que perseguirla. Le dices "Ven!" y contesta "No!" y se tira a correr para otro lado.
Y también ha aprendido a hacer como que te va a dar algo y cuando vas a cogerlo lo quita y se descojona. Yo no sé si me la han estado pervirtiendo en la guardería. Con lo bien educadita que la tenía.
En la playa, jugando con la arena y con cara de felicidad después de capuzarse el cubo lleno de agua.
En el mar, nadando con el flotador. Le encanta dar vueltas en el sitio y subir los pies por encima del agua para vérselos.
En la minidisco, moviendo el esqueleto. Bailar le encanta, pero lo de relacionarse con otros niños aún le cuesta.
Aparte de pasarlo bien, la peduga se nos ha asilvestrado.
Para empezar, se quiere ir de farra todo el día. Ha aprendido a decir "Al parque" (que para ella es cualquier sitio menos su casa) y nada más levantarse ya te señala la puerta y "a-pa-que". Ayer incluso la descubrimos intentando meter la llave en la cerradura de casa. Intentando escapar, sin duda.
Además, se ha vuelto una desobediente, que no hace caso a nada. Se pira a donde quiere y hay que perseguirla. Le dices "Ven!" y contesta "No!" y se tira a correr para otro lado.
Y también ha aprendido a hacer como que te va a dar algo y cuando vas a cogerlo lo quita y se descojona. Yo no sé si me la han estado pervirtiendo en la guardería. Con lo bien educadita que la tenía.
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